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domingo, 30 de septiembre de 2012

marco unificado v. 1.0 - cazadores recolectores

Mientras sigo trabajando en un marco de análisis que me sirva para comparar el análisis económico marxista y el análisis económico convencional apologista del capital, aquí os traigo una aplicación que una conversación con mi amigo Alfredo me ha sugerido, acerca de lo fácil que, al menos en el reino de la teoría, es tirar la raya entre "ellos" y nosotros.

Es un modelo de cazadores recolectores porque no hay consumo productivo de mercancías, sólo de fuerza de trabajo (FT). Así pues, toda mercancía producida tiene como único destino posible su consumo (individual, improductivo).
Se representa a continuación un modelo gráfico de flujos monetarios que trata de recoger en lo fundamental el funcionamiento de esta economía tan básica y que, no obstante, es capitalista.

jueves, 20 de septiembre de 2012

crisis y apologistas varios

Hace poco le dieron un palito aquí a Krugman. Cosa que me encanta.
Pero es que se meten en la discusión entre apologistas de la desregulación y el mercado soberano y apologistas de las instituciones fuertes y los estabilizadores automáticos, entre libertarios conservadores y progres burgueses, entre cristianodemócratas y socialbuenistas, entre galgos y podencos. Perros todos. Y por eso se equivocan. Todos.

El artículo citado viene a decir que las recetas de Krugman (que al final han triunfado, como se veía venir: ya tenemos QE3 en los USA y el BCE se apunta) se basan en una visión según la cual la destrucción de riqueza crea riqueza, la caricaturizada por los liberales como "doctrina de los cristales rotos". Yo estoy de acuerdo en que es un sinsentido y ya lo critiqué aquí (o eso pretendía).
No obstante, no vale con negarlo y a otra cosa, porque hay en ello una semilla de verdad.

¿Porqué tiene una semilla de verdad la barbaridad de la "doctrina de los cristales rotos"?

viernes, 6 de julio de 2012

la ley del valor, la crisis y europa


Es habitual un punto de vista que a menudo genera confusión: se empieza por considerar que el tiempo de trabajo para producir la mercancía es la suma del tiempo de trabajo necesario y del plustrabajo. Se señala que el tiempo de trabajo necesario es el que permite la reproducción de la fuerza de trabajo implicada y el plustrabajo se calcula como el trabajo necesario multiplicado por la tasa de explotación.
Aunque parezca una cuestión sin interés, en lugar de eso es muy importante subrayar que el plustrabajo es un residuo.

sábado, 30 de junio de 2012

breve estudio sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las personas

He seguido esta mañana una interesante tertulia en la radio (radio nacional de españa, no es un día cualquiera) acerca de la riqueza y la pobreza.
Es un poco desesperante escuchar en las tertulias a una serie de intervinientes que, cada uno con distintas perspectivas e incluso podría concederse que con distintas ideologías, van como pollos sin cabeza intentando hablar de economía sin tener una teoría del valor. Tratan de analizar el capitalismo sin tener ni puta idea de (ni el menor interés por) el socialismo científico. Por eso dan vueltas y vueltas alrededor de los asuntos sin encontrar el punto por donde hincarles el diente. Por supuesto, al final sale el asunto de "la clase media" (¿qué cojones será eso?).
Total, que cuando terminan la tertulia uno acaba igual de confundido que antes, pero con dolor de cabeza.

El caso es que Javier Sádaba, el filósofo, ha hecho una interesante (y útil) categorización de las fuentes de la riqueza de las personas. Según él, y estoy de acuerdo, los ricos pueden llegar a ser ricos por 4 razones (minuto 25 más-menos):
  1. herencia
  2. suerte
  3. mérito
  4. crimen


lunes, 6 de febrero de 2012

la usura y la teoría del valor

Últimamente hemos tenido algunos debates interesantes acerca de la teoría del valor en varios blogs amigos:
La teoría del valor es un asunto escurridizo y aparentemente no muy importante-útil, pero el caso es que es la base misma de la cuestión sobre qué es la ciencia económica, ya que precisamente va de eso: ¿que coño es lo que estudiamos, medimos y tratamos de explicar los economistas?

Para adentrarnos en este asunto me parece interesante recuperar el concepto de usura, y ponerlo en relación con las teorías subjetivas del valor ("el valor de una cosa es lo que alguien está dispuesto a pagar por ello").

i) usura: extorsión y/o estafa
Usura, según wikipedia, es exigir demasiados intereses en un préstamo de dinero. Dice también que "originariamente" significaba cualquier cobro de intereses. Este es el significado usual que conocemos. No obstante, en wordreference, se incluye otra acepción: "Cualquier ganancia excesiva que se obtiene de algo". La RAE más o menos coincide.

jueves, 6 de octubre de 2011

la sustancia de la economía: el valor (segunda y ¿última? parte)

En otro post hablé del fundamento último de la ley objetiva del valor como fundamento de una verdadera ciencia económica. Esa ley, en la única formulación coherente y relevante hasta la fecha es la de la teoría del valor trabajo de Marx, el fundamento, junto con el materialismo histórico y la dialéctica como herramienta de análisis, del socialismo científico.
Aunque me quejaba yo de que Marx no nos había dado un fundamento de esta ley, leyendo aquí y allá he encontrado una carta suya a Ludwig Kugelmann el 11 de julio de 1868, en la que claramente habla sobre el particular.
Si no lo he entendido mal, lo que viene a decir es que es inútil buscar tal justificación. La ley del valor es un axioma imprescindible para servir de punto de partida a un análisis científico del funcionamiento de la economía capitalista. Como él dice, otra cosa sería pretender obtener una ciencia antes de la ciencia.

Dado que parece que la cuestión es más filosófica, abandono aquí la investigación, no sin antes anotar un par de puntos que me parecen pertinentes:
En un trabajo de Alan Freeman, "Price, value and profit – a continuous, general, treatment" (es su capítulo final del imprescindible Marx and non equillibrium economics, Edward Elgar, 1996, 303 páginas), dice (pág. 19 del manuscrito en MPRA):
"otras mercancías [distintas de la fuerza de trabajo] no caminan por el mercado disponiendo de sus ingresos en igualdad de condiciones con sus dueños. El coste de la fuerza de trabajo se determina independientemente de su capacidad para ganar dinero para su comprador. Por eso, y no por otra razón, existe la ganancia. Si los trabajadores fueran contratados directamente como esclavos, robots, animales de carga o siervos, entonces, fuera o no el tiempo de trabajo la medida del valor, el trabajo excedente no se extraería en forma de beneficios monetarios, sino directamente como trabajo doméstico".
Sinceramente, no estoy seguro de entender bien la afirmación de que "el coste de la fuerza de trabajo se determina independientemente de su capacidad para ganar dinero para su comprador". Quiero decir que no veo donde se diferencia en esto la fuerza de trabajo de cualquier otra mercancía que sirva de medio de producción, y cuyo coste se determina por el tiempo de trabajo abstracto socialmente necesario para su reproducción, y por lo tanto independientemente de su capacidad para ganar dinero para su comprador.

En todo caso, creo que todo esto está relacionado con las superficialidades (vulgaridades diría Marx) del "capitalismo sin trabajadores", del que ya dí un ejemplo en otro post, y del que he encontrado otro ejemplo aún más descabellado aquí (sinceramente, he dudado de poner el enlace, porque es un ensayo plagado de alucinaciones y de una falta de rigor tremenda, pero puede servir para entretenerse un poco). De lo que no cabe duda es de que el socialismo científico debe defenderse duramente de estos defensores que tiene, de la misma forma que la izquierda marxista tiene que defenderse continuamente -y defender a la clase trabajadora- de todos los oportunistas que se ponen su etiqueta de izquierdistas, especialmente al llegar las elecciones.
Parece que, si el tiempo de trabajo abstracto socialmente necesario es la medida del valor, es, sobre todo, porque el hombre es la medida de todas las cosas, de la misma manera que incluso los "derechos de los animales" son un asunto de humanos, no de animales.

Pues lo dicho: dado que este asunto parece que exige adentrarse en cuestiones filosóficas, me retiro del campo y -zapatero a tus zapatos- me dedico a mis investigaciones en economía. Aunque no prometo nada (no es una amenaza, es simplemente que hay que aprovechar lo bueno que tiene un blog, y es que puedes decir y hacer lo que te de la gana).

plusvalía, tiempo y beneficio

Ejemplo de Ricardo (citado por Marx en El Capital, aunque ahora no encuentro la cita):
  1. Empleo de 20 trabajadores, por 1,000$, durante 1 año, en el que preparan un producto intermedio, digamos Y. Al año siguiente, otros 20 trabajadores (por otros 1,000$) trabajan ese producto intermedio Y. Al final de ese 2º año, el producto final es X.
  2. Empleo de 40 trabajadores, por el mismo salario de 2,000$, y al final de ese mismo año, el mismo producto X.
Ricardo dice: si suponemos una tasa de beneficio anual homogénea, el primer negocio deberá vender su producto por 1,000$ x (1 + 10%)^2 + 1,000$ x (1 + 10%) = 2,310$.
En cambio, el segundo negocio debería recaudar 2,000$ x (1 + 10%) = 2,200$
¿Tienen ambos productos diferente cantidad de trabajo abstracto socialmente necesario -valor- o es que no se cumple la ley del valor?
Evidentemente, ambos productos tienen el mismo valor -40 hombres durante un año, llamémosle 40 h·a- ¿debemos abandonar entonces la teoría objetiva del valor trabajo?
De ninguna manera. Lo que tenemos que abandonar es el olvido del tiempo o, mejor, su fetichización como origen mágico de la plusvalía y, ella mediante, del beneficio del capital..

¿Porqué es imprescindible considerar el tiempo? Porque en el capitalismo el principio y el fin de todas las cosas es el beneficio. Y el beneficio es una variable flujo, es decir, que sólo se puede considerar en un intervalo temporal: un beneficio sólo se puede obtener en un plazo de tiempo determinado. Si el beneficio es la masa de ganancias, el indicador de su idoneidad, de su suficiencia, de la adecuación de una determinada masa de ganancias es la tasa anual de ganancia. La tasa es lo que convierte la suma absoluta de beneficios obtenidos en una cantidad relativa (a) a la suma invertida y (b) al tiempo necesario para su obtención.
Un ejemplo ayudará a explicarlo: Un mismo beneficio de 100.000$ puede considerarse fantástico si procede de la inversión de 1.000$ en derivados o ser absolutamente decepcionante si es el resultado final de una inversión de 10.000.000$ en una fábrica, instalaciones, materias primas y auxiliares, salarios y demás.
Pero no sólo hay que poner en relación el beneficio con el capital invertido: también hay que relativizarlo según el tiempo transcurrido: La misma inversión en bolsa de 1000$ puede rendir un beneficio neto de 100$, y considerarse una ruina si se ha obtenido en 10 años, o ser un negocio espectacular si se logra en 10 minutos.

Así pues, ¿cómo ponemos en relación -relativizamos- los dos negocios que propone Ricardo?
Vamos a igualar los intervalos temporales ¿Cómo? aumentando (o disminuyendo) la escala de inversión de cada negocio en función de la escala temporal en la que se desarrolla. Es muy sencillo:
  1. Se tienen contratados 40 trabajadores, 20 de ellos están preparando el producto intermedio, y otros 20 están sacando producto final, con el producto intermedio Y que se adquirió al principio del ejercicio. Al final del año se tiene el producto final de estos últimos, más el producto intermedio preparado por los otros 20 trabajadores, que a los efectos de este ejemplo podemos igualar a los adquiridos al principio del ejercicio y eliminarlos de la cuenta neta.
    Este negocio, entonces, junto al capital variable -salarios- exige una inversión en capital constante -producto intermedio.
    En todo caso, la cuenta final es: en un año, 40 trabajadores con un capital constante de 20 h·a producen producto intermedio con un valor de 20 h·a y producto final con un valor de 40 h·a. Evidentemente, hay que reducir todo a las mismas unidades. Para seguir el ejemplo de Ricardo, tomaremos una tasa de plusvalía (s/v) del 10% con lo cual 40 h·a suponen 2,000$ (v) + 2,000$ x 10% (s) = 2,200$. Esto supone que la relación dinero / tiempo de trabajo es 2,200$ / 40 h·a = 55 $/h·a
    Con esta conversión -el dinero para Marx no es más que la forma de expresión del valor- tenemos que: v=2,000$, c=1,100$, s=200$, producto (en valor)=1,100$ (producto intermedio) + 2,200$ (producto final) = 3,300$, o lo que es lo mismo, 60h·a.
    Con esto hemos duplicado la escala del primero de los negocios de Ricardo, para conseguir igualar el periodo de producción con el del otro negocio: un año [en realidad no solo hemos aumentado la escala, lo hemos modificado cualitativamente para que la producción del "producto intermedio" se desarrolle en paralelo, simultáneamente, con la producción del "producto final", y no en fases sucesivas].
  2. Se contratan 40 trabajadores con un coste (v) de 2,000$ sin inversión alguna en capital constante y en un año proporcionan un producto X de 40h·a, o 2,200$.
Podemos hacer ese mismo análisis considerando no una sino 3 líneas productivas:
  1. En un año produce con 20h·a y Y producto intermedio un producto final X
  2. En un año produce con 40h·a un producto final X
  3. En un año produce con 20h·a Y producto intermedio
Esto equivale a partir la antigua rama (I) en otras dos ramas (A y C), manteniendo el matiz de revelar la necesaria inversión en capital constante en la actual rama (A).

En definitiva, tanto en uno como en otro "sistema" de producción, el producto final vale 2,200$ y ha producido una plusvalía de 200$.
No obstante, siguiendo el primer sistema es obligatorio invertir en un bien intermedio que, para producir 2,200$ de producto final, asciende a 1,100$. Es decir, las líneas A y B producen ambas el mismo producto final X, con las mismas horas de trabajo social (40h·a) y por ello el mismo valor (2,200$) . Pero, en este caso, en A se realizó una inversión de 1,000$+1,100$=2,100$, mientras que en B sólamente se invirtieron 2,000$. Por su parte, en B se extrajo una plusvalía de 2,000$·10%=200$, mientras que en A solamente se extrajeron 1,000$·10%=100$. No hay ningún problema por tanto, una vez igualadas las condiciones, para retribuir ambos capitales a la misma tasa anual de ganancia, pero en este caso debe notarse que es la plusvalía la que no es igual en las respectivas líneas de producción.
La diferencia, en todo caso, son los 1,100$ o 20h·a que constituyen el capital constante necesario en (I) y no en (II). El mero transcurso del tiempo no aporta ningún valor: la ley objetiva del valor sigue rigiendo, e impone que el valor es trabajo socialmente necesario, y sólo el trabajo socialmente necesario es valor.
El abracadabra se desvela, y efectivamente en la producción de (I) están implicadas 20 años-hombre más que en la producción de (II). Dicho de otra forma: no hay más "tiempo", hay más "inversión".

Lo que en definitiva revela este ejemplo es que, en el capitalismo, y sin que la ley del valor sufra lo más mínimo, los capitalistas no pueden -o no por mucho tiempo- obtener ganancias en función de la plusvalía arrancada por ellos, sino modificadas por la composición orgánica de su respectivo capital.

Aún podemos considerarlo de otra manera, para introducir otra matización sobre el tiempo:
podemos considerar como periodo homogéneo el de 2 años. Entonces, en el tiempo en que (I) produce una tanda de producto final, en (II) les ha dado tiempo a producir dos tandas, pero esto introduce novedades (complicaciones):
  • Entre ambas tandas el capitalista (II) debe concurrir a la esfera de la circulación para 1) realizar su plusvalía en beneficio y 2) volver a adquirir fuerza de trabajo.
    Esto, poco o mucho, requiere tiempo y supone, como le llamaba Marx, un salto mortal de la mercancía, puesto que nada le garantiza al capital que podrá realizar sus ventas según lo previsto.
  • Se introduce la posibilidad teórica de que en la segunda tanda no se limite a reinvertir la misma cantidad de capital variable recuperada mediante la venta, sino que incorpore también una parte de la plusvalía, comenzando entonces una reproducción ampliada, con sus propios requisitos y dinámica.
    Aunque, insistamos, esto es teóricamente una posibilidad, el capitalismo se basa en la reproducción ampliada y no tiene sentido sin ella. En tiempos de crisis como en los que se está escribiendo esto, esa acumulación se encuentra paralizada o incluso da pasos atrás (se desacumula), pero eso no podrá durar mucho tiempo, o no será capitalismo.

Por último (lo prometo), como siempre hay impresentables "corrigiendo" a Marx y su método, les anticipo que el hecho de que en (I) hayamos considerado un capital constante inicial exactamente igual que el final, para así poder hacer una variación neta nula, es simplemente para facilitar los cálculos. El que vea en esto un defecto fundamental, una incoherencia y una victoria final sobre el marxismo, antes de formar alharacas que se vea la más reciente literatura sobre el mal llamado "problema de la transformación" (fundamentalmente en A.Shaikh y A.Kliman-A.Freeman).

viernes, 9 de septiembre de 2011

La sustancia de la economía: el valor

La economía, o la ciencia económica, era tan distinta cuando se fundó que ni siquiera se llamaba así. Se la conocía como economía política.
La fundaron los llamados clásicos, sobre la base de establecer la verdadera sustancia de la economía capitalista. Aunque es difícil establecer una línea nítida, un hito señalado habitualmente es la Investigación sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones, de Adam Smith. Marx, por su parte, solía señalar a Sir William Petty como padre de la economía política, aunque en wikipedia le califican de mercantilista..
Los clásicos (los de verdad, no los que Lord Keynes, llamaba clásicos cuando no eran más que neoclásicos, aunque estoy seguro que lo hizo para despistar y borrar definitivamente del mapa a la economía política, porque no era ningún ignorante) se distinguieron de todo el análisis previo de los asuntos económicos al fijar la sustancia constitutiva de la riqueza de las naciones en algo más abstracto que los metales preciosos de los mercantilistas o el producto neto físico agrícola de los fisiócratas (que por cierto, fueron los primeros en hacerse llamar "economistas").
Todos ellos, Smith, Ricardo, Mill, y también Marx, partían de la calificación del trabajo como única fuente del valor, mientras que el valor era la sustancia de la que se ocupa la economía política. Dicho de otro modo, el sistema económico o, como lo calificaría Marx, el desenvolvimiento de la sociedad en lo relativo a la relación del hombre con la naturaleza, consiste en la creación, distribución y consumo del valor.
Valor es lo que se produce en los campos y las fábricas en lo que concierne a la economía. Por supuesto que la gasolina que se produce en una refinería es una sustancia que interesa a un químico y a un ingeniero, y un objeto útil si preguntamos a un motorista o a un distribuidor o depende si preguntamos a un ecologista. Pero en todo caso para un economista es pura y simplemente valor.
Y valor es lo que se intercambia en los mercados, si bien mediando necesariamente el dinero. Por cierto que la mediación de esta institución social, el dinero, introduce a su vez complejidades propias que ocultan o distorsionan las reglas que guían el funcionamiento económico, dificultando la identificación y la medición del valor, y haciéndola al mismo tiempo aún más necesaria.
Pues bien, ninguno de estos autores, ni siquiera Marx, que fue el más profundo y concienzudo de todos ellos, se esforzó por presentar una fundamentación sólida y exhaustiva del axioma enunciado del trabajo como única fuente del valor. De hecho, Marx podía permitirse despreciar como vulgares a todos los pretendidos economistas que no basaban su análisis en un método científico que, para empezar, definiera con precisión la sustancia a estudiar, y estableciera la metodología precisa para su medición.

Y resulta que, hoy en día, la corriente principal, el pensamiento único en economía, está constituida por esos economistas vulgares. Hoy en día se acepta que las mercancías valen lo que el comprador está dispuesto a pagar por ellas. La única base es una "sustancia" sicológica: la utilidad. Es decir, no es que no exista el valor, pero ni se lo conoce ni se puede medir, cosa que por otra parte resultaría inútil por tratarse de una cuestión sicológica que puede cambiar tan rápido como un capricho, una moda o una histeria, individual o colectiva. Simplemente se supone que está ahí.

Esto, evidentemente, es una tomadura de pelo.
No obstante, es la doctrina imperante en economía, y derrocar esa doctrina exige no sólo señalar sus defectos sino proponer una bien fundamentada alternativa (bueno, y algunas cosas más). De este modo, ahora nos vemos en la tesitura de elaborar un fundamento que aquellos gigantes del pensamiento económico no nos legaron, probablemente por considerarlo una obviedad.

post scriptum:
Desarrollo ulterior y conclusión aquí.

viernes, 3 de junio de 2011

macro: valor y tiempo (I). Las trampas de los flujogramas

Estoy enredado desde hace tiempo con los esquemas de reproducción, simple y ampliada, el trabajo productivo e improductivo y la medición del producto. Esto, además de ser imprescindible para cualquier intento de evaluación empírica de la macroeconomía, lo necesito para intentar buscar las raíces de mis dudas e insatisfacciones con la teoría económica. Ni que decir tiene que la economía neoclásica huele por los cuatro costados; aún así hay que rebatirla con argumentos. Pero es que la economía marxista está plagada de autores que se contradicen y rebaten, con argumentos.
Desde la convicción de que no hay 'teorías ciertas', me sigo empeñando en saber al menos cuales son las teorías útiles. Esa utilidad la enfoco mucho más desde el punto de vista científico -útil para comprender el mundo y predecir el sentido de su movimiento- que desde el preferido por el abuelo Marx, el de favorecer el cambio hacia un mundo mejor. Para cambiar el mundo es bueno saber a donde lleva cada camino.

Pues bien, en este camino algunos de mis intentos consisten en dibujar el funcionamiento de la economía. Voy a dividir la exposición en varios artículos, para que ninguno de ellos quede demasiado largo. En este que inaugura la serie analizaré el "flujo circular de la renta" que aparece en todos los manuales de introducción a la macroeconomía.

El esquema del falsamente conocido como 'flujo circular de la renta' de Samuelson puede dibujarse más o menos así:

Fig.1: Samuelson, por "agentes"

En la figura 1, tenemos una descripción de un modelo muy simple -digamos muy abstracto- de economía: por una parte existen unos hogares, agrupados en la caja de la derecha, que se dedican a consumir bienes y servicios y a poner a disposición de las industrias los servicios productivos de los factores de producción de los que son poseedores -los alquilan-. Por otra parte hay unas industrias, agrupadas en la caja de la izquierda, dedicadas a emplear esos servicios productivos precisamente para producir bienes y servicios.

Debe notarse, aunque aquí no entraremos en las consecuencias que ello tiene, que en esta sociedad -la economía es un aspecto de toda sociedad- sólo hay "agentes" indiferenciados. No hay rastro de capitalistas ni de trabajadores, no hay rentistas, banqueros, especuladores ni soberanos, y por ello no se puede diferenciar entre distintos comportamientos. En este mundo sólo hay homo economicus.

Las flechas indican un flujo real de, digamos, objetos económicos. El llamarle real significa oponerlo al adjetivo monetario, o a hablar de un flujo de valor. Para entenderlo suele ser útil abandonar los términos neoclásicos (vulgares, que diría Marx) y utilizar las categorías Marxistas: las flechas representan valores de uso. Bajo esos flujos reales o flujos de valores de uso hay implícitos otros flujos de igual magnitud y sentido contrario: los pagos monetarios como contraprestación a los valores de uso recibidos.
No obstante, ya desde aquí tenemos trampas, puesto que en realidad esos flujos implícitos que no se ven cuentan tanto, si no más, que los que se muestran en la figura. Y son los que cuentan en realidad porque tanto para la observación científica de la economía como para el propio comportamiento económico de los agentes implicados, el valor -que de momento no definiremos con precisión- de esas corrientes es al menos tan importante como el propio contenido físico de los bienes o servicios implicados. En dos palabras: a menudo es más importante que el importe de las ventas ha sido de 1.000 que el que consistieran en manzanas, mesas o viajes al Caribe.
Ya desde el principio se puede apreciar esto, al llegar al resultado de nuestra inspección del funcionamiento económico de esta sociedad: la medición de toda la actividad económica de esta economía se resume en la suma del importe de todas las compraventas de bienes y servicios de las industrias a los hogares. De hecho, el fin último declarado del sistema económico, su función, es la provisión de bienes y servicios a los agentes que componen la sociedad para su consumo. Esa suma es el producto neto. En futuros artículos volveremos sobre esto, para compararlo con el producto bruto.
Y en este punto la valoración de los objetos económicos ya no es sólo importante: es imprescindible, puesto que esos objetos de los que se compone la corriente real son manzanas, mesas, viajes al Caribe e innumerables otros objetos, que evidentemente no se pueden sumar, puesto que sus propias medidas (unidades, metros, litros, kW,....) son incompatibles.
Volviendo sobre el fin último del sistema económico, cambiando simplemente el nombre que hemos puesto en las cajas podemos identificar las funciones principales de los "sectores", como se hace en la figura 2: los hogares se ocupan en última instancia de consumir, mientras que las industrias se ocupan de producir lo que consumen los hogares.
Fig.2: Samuelson, por "funciones"

No obstante, incluso a este máximo nivel de abstracción, debe introducirse un matiz, sin adelantar lo que será materia de un próximo artículo: los hogares también cumplen una función de arrendamiento a las industrias de los factores de producción que poseen. En todo caso, desde ya vemos que lo que era una sola caja "hogares" ha quedado partida en dos.
El distinguir funciones en lugar de agentes ya nos permite introducir categorías económicas en lugar de objetos tal y como los percibimos en la práctica. Las categorías, junto con la medición, son las patas sobre las que se sostiene el análisis científico.
Así, ahora ya no hablaremos de un flujo de valores de uso -bienes y servicios- producidos por las industrias y vendidos a los hogares para su consumo, sino de demanda final. A este nivel de máxima abstracción el producto neto es igual a la demanda final, que a su vez es igual al consumo de los hogares.
Por otro lado, podemos abordar ya la corriente de la parte de abajo del esquema, que corresponde a los servicios de los factores de producción, que ahora sólo enumeramos: trabajo, capital y recursos no producidos -recursos naturales o tierra en la época de los clasicos-. El delicado asunto de los recursos producidos pero que no necesitan o no admiten reproducción -propiedad intelectual, gran parte de las infraestructuras- también se deberá analizar en otro lugar.
Del mismo modo que la corriente de bienes y servicios, los servicios de los factores productivos se califican por su valor, lo que permite agregarlos, y el resultado es el ingreso total de la economía. Es el ingreso total en un doble sentido: es la suma de los ingresos monetarios de los hogares (casi una magnitud micro), y es lo que permite a la sociedad producir, es decir disponer de, los bienes y servicios que se pretende consumir. A la inversa, la demanda final es el gasto total, también en el doble sentido de suma de los desembolsos de dinero de los hogares (nivel micro, aspecto monetario) y de suma de consumo-empleo-desaparición de los bienes y servicios por destinarse a su uso final (nivel macro, aspecto real).
Ambas magnitudes, ingreso total y gasto total son iguales a este nivel, sí y solo sí se introduce una suposición: que todo el ingreso se destina al gasto. Y, como veremos, la validez de esta suposición tiene mucho que ver con la raya que hemos dibujado partiendo en dos la caja de la derecha. En esta economía tan simple el único destino posible del ingreso es el consumo, pero aún así las decisiones de ingreso y las de gasto ya están separadas y nada, salvo adicionales reglas de comportamiento cuya validez debería demostrarse, garantiza que concuerden. Cuando, además, introduzcamos el gasto en inversión y, necesariamente, el tiempo, advertiremos que lo que sería un auténtico milagro sería que en realidad coincidieran.

Por último nos queda analizar el papel del tiempo en el esquema.
El movimiento requiere, implica, tiempo. Las flechas del esquema indican movimiento, y por ello mismo indican el transcurso del tiempo. Las variables que contienen la medición de esos movimientos son por ello variables flujo.
No obstante, la economía neoclásica emplea un aparato matemático llamado "equilibrio general" que necesita hacer abstracción del transcurso del tiempo para poder cuadrar los números. Lamentablemente, también la mayoría de la economía heterodoxa, sea postkeynesiana, neorricardiana o incluso marxista, emplea este mismo enfoque. La eliminación del tiempo se hace bajo la premisa de que en cada periodo de tiempo el desempeño económico es igual que en el periodo anterior.
Esto se llama reproducción simple en El Capital, y es empleado por Marx como una abstracción instrumental de la realidad para identificar determinadas relaciones, y una vez conseguido este objetivo se desprende del supuesto restrictivo para acercarse más a la realidad, contemplando la reproducción ampliada, es decir, el movimiento de la economía con el transcurrir del tiempo.
A diferencia del enfoque dinámico de Marx, el equilibrio general no puede desprenderse del supuesto de reproducción simple, puesto que depende de él para sostenerse. De este modo, es un enfoque estático cuya única posibilidad para contemplar el movimiento es la estática comparativa, o comparación de 2 estados diferentes de equilibrio estático. El equilibrio estático consiste en la inexistencia del transcurso del tiempo o, lo que es equivalente, la inexistencia de movimiento con el transcurso del tiempo. Por ello, cualquier comparación entre varios estados diferentes de equilibrio estático tendrán el valor que se le quiera dar, pero nunca un sentido de "cambio" o "movimiento", que está descartado por definición.

Desde este punto de partida se pueden tomar dos caminos:
  1. Considerar con más detalle qué actividades de relevancia económica se producen en el sector de hogares, a saber, actividades de consumo y actividades de inversión, junto con la provisión a las industrias de los servicios de los factores productivos que poseen. Al descender a este nivel ya podemos vislumbrar porqué el carácter supuestamente circular del esquema de Samuelson en realidad no lo es. Como lo calificó un autor que no recuerdo, se trata más bien de una autopista de una sola dirección desde los factores de producción hasta los bienes de consumo.
    Este será el objeto de la siguiente entrega de la serie.
  2. Disminuir el nivel de abstracción del otro lado, el de las industrias, para analizar con más detalle qué tipos de producción se realizan, desde el punto de vista de su destino, permitiendo identificar la distinción sraffiana entre bienes básicos y no básicos, que resucita la distinción clásica (Smith) entre trabajo productivo e improductivo [la distinción Marxiana tiene una raíz radicalmente diferente]. Así mismo, estudiaremos la forma de recoger el transcurso del tiempo en los esquemas, única manera de poder acercarse al movimiento de la economía y, en definitiva, al mundo real.

martes, 24 de mayo de 2011

trabajo improductivo

Ahora mismo estoy estudiando el asunto del trabajo productivo e improductivo, que de momento me parece un problema endiablado.
La importancia del tema la he visto claramente expuesta en el libro de Jaques Gouverneur Los fundamentos de la economía capitalista (pp. 328 y siguientes): si las actividades de circulación y reproducción de la superestructura no crean valor, la expansión de estas actividades no sólo no constituyen una vía de solución al estancamiento de la acumulación capitalista, sino que son un obstáculo para la misma.
Por cierto, Gouverneur cree que toda actividad que consigue un mercado sí crea valor, al contrario que A.Shaikh y E.Tonak (1994: Measuring the Wealth of Nations. The Political Economy of National Accounts, Cambridge University Press).
Mientras tanto, he encontrado una entrada sobre esto en el blog de Vienneu: Monetarism and Marxism. Aunque parece un poco desenfocado en la comparación de la economía monetarista y marxista, me ha guiado a un trabajo de Foley sobre el particular, y nunca está de más estudiar: The political economy of output and employment 2001-2010.
En esta conferencia, Foley sostiene que la distinción entre trabajo productivo e improductivo es muy relevante para el análisis empírico de coyuntura, en concreto de la relación de la demanda agregada con el empleo.
Añadiendo esto a la importancia para el estudio del crecimiento económico y las crisis, ya tengo más argumentos sobre la importancia de seguir estudiando el asunto, además de más material y puntos de vista.